astros—a quienes no tengo el honor de conocer—, si lo digo es porque los animales también conocen, pero su conocimiento en modo alguno es soberano. El perro reconoce a su dueño como a un Dios, aunque su dueño pueda ser un gran pillo.
El pensamiento humano, ¿es soberano? Antes de responder sí o no, necesitamos, en primer lugar, investigar qué es el pensamiento humano. ¿Es el pensamiento de un sólo hombre? No, ciertamente. Pero tampoco existe sino como pensamiento aislado de muchos millones de hombres, pasados, presentes y futuros. Y bien; cuando digo que este pensamiento de todos los hombres, incluso los hombres del porvenir, cuya síntesis hago en mi inteligencia; cuando digo, pues, que este pensamiento es soberano, capaz de conocer el mundo, por poco que la humanidad subsista bastante tiempo y que no se produzca ni en los órganos, ni en los objetos del conocimiento, modificación susceptible de limitarla, digo algo bastante vulgar y aun bastante inútil. Porque el más preciado resultado de esta idea sería hacernos sumamente desconfiados respecto a nuestro conocimiento actual, pues es infinitamente probable estemos aún poco lejos de los comienzos de la historia de la humanidad y que las generaciones que nos corrijan serán más numerosas que cuantas tenemos la ocasión de corregir sus conocimientos (no sin gran desdén por nuestra parte).
Dühring mismo declara que la conciencia y, por consecuencia también, el pensamiento y el conocimiento, no puede manifestarse sino en una serie de seres individuales. Y el pensamiento de cada uno de estos seres individuales no puede calificarse de soberano, sino en tanto no conocemos potencia capaz, cuando se encuentra en estado de salud y de vigilia, de imponerles por la fuerza ningún pensamiento. Pero en lo que concierne al valor soberano de los conocimientos de cada ser individual, sa-