animales superiores digieren con el estómago y el intestino y no con la cabeza, porque la actividad nerviosa centralizada en la cabeza es necesaria para la digestión.
Pero a las verdades eternas les corresponde aún la peor parte en el tercer grupo de ciencias, en las ciencias históricas, que estudian las condiciones de la existencia humana, los estados sociales, las formas juridicas y políticas, así como su superestructura ideológica, la filosofía, la religión, el arte, etc., en su continuidad histórica y en su estado actual. En la naturaleza orgánica tenemos que habérnosla, al menos, con una serie de fenómenos que, en tanto los observamos inmediatamente, se repiten de una manera bastante regular en muy amplios límites.
Las especies de los seres organizados en su conjunto son las mismas desde Aristóteles. En la historia de la sociedad, por lo contrario, de que superamos el estado primitivo de la humanidad, lo que se llama la edad de piedra, la repetición es la excepción, no la regla, y aun en el caso en que un fenómeno se repita, jamás se repite exactamente en las mismas circunstancias;—así, la presencia de la propiedad común primitiva de la tierra en todos los pueblos civilizados y la forma de su disolución—por eso la ciencia en el dominio de la historia de la humanidad está aún mucho menos adelantada que en biología. Aún más; cuando por excepción se llega a reconocer la relación íntima entre las formas y las instituciones políticas y sociales de una época, regularmente es cuando dichas formas ya han sobrevivido la mitad y marchan a su decadencia. El conocimiento, pues, en este caso, es fundamentalmente relativo, en el sentido de que se reduce a comprender las relaciones y consecuencias de las formas políticas y sociales determinadas, que nunca existen sino para un tiempo y en pueblos dados, y que esencialmente son perecederas. Quien vaya, pues, en este campo, persiguiendo verdades definitivas y sin apelación,