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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/131

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por Federico Engels

verdades auténticas e inmutables, volverá con el cesto casi vacío, traerá unos cuantos lugares comunes de la peor especie: por ejemplo, en general, los hombres no pueden vivir sin trabajar; ordinariamente se han dividido hasta aquí en dominadores y dominados; Napoleón ha muerto el 5 de Mayo de 1821, etc.

Pero es muy digno de observarse que, precisamente en esto, se encuentra el mayor número de pretendidas verdades eternas, verdades definitivas, sin apelación, etc. No se proclama como verdades eternas las proposiciones: dos y dos son cuatro, las aves tienen pico, etc., sino cuando se intenta concluir la existencia de verdades eternas en general—que también existen verdades eternas en la esfera de la historia de la humanidad—una moral eterna, una justicia eterna, etc., de valor y alcance análogos al de las verdades y aplicaciones matemáticas y podemos contar con que a la primera ocasión el mismo amigo de los hombres declarará que todos los fabricantes de verdades eternas, antes que él son más o menos burros y charlatanes, que todos se han engañado y equivocado; que su error y su falibilidad son naturales y prueban la existencia de la verdad adecuada a ellos; y que él, el profeta que al fin se alzó, trae en el bolsillo la verdad definitiva y sin apelación, la moral eterna, la justicia eterna, enteramente perfecta y dispuesta... Todo ello ya se vió mil y mil veces y es de admirar haya aún hombres tan crédulos que crean eso, no de los demás, sino de sí mismos. Y, sin embargo, henos una vez más. en presencia de un profeta que, según costumbre, se enciende en una cólera ultramoral cuando otros le niegan que un solo hombre pueda ponernos nunca en posesión de la verdad definitiva y sin apelación. Negar esto, querer aún proferir la menor duda, es debilidad, confusión caótica, nada, escepticismo disolvente, algo peor que el puro nihilismo, y otras lindezas de este género. Como su-