Ir al contenido

Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/134

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
122
Anti-Duhring

como consecuencia de indagaciones futuras[1]. He aquí, pues, cómo se presentan en física, por ejemplo, las verdades definitivas y sin apelación. Así, regla general, en los trabajos verdaderamente cientificos se evitan las expresiones dogmáticas y morales de error y de verdad, mientras se encuentran a cada momento en libros, como la Filosofía de la realidad, en que se pretende imponer una palabreria vacía, como supremo resultado del pensamiento supremo.

Pero, quizás pregunte un ingenuo lector, ¿dónde el señor Dühring ha declarado expresamente que el contenido de la realidad es verdad definitiva y sin apelación? ¿Dónde está eso? Pues bien, por ejemplo, en el ditirambo que consagra a su sistema (pág. 13), y del cual hemos copiado algunos pasajes en el capítulo II. O cuando dice en la frase citada anteriormente: Las verdades morales, por poco que se las comprenda hasta sus últimas razones, pueden pretender tener un valor análogo al de las verdades matemáticas. Y el Sr. Dühring—desde su punto de vista, verdaderamente crítico, y por su penetrante investigación—¿no tiene la pretensión de haber alcanzado esas últimas razones, esos esquemas esencia-

  1. Después de escritas estas líneas, parecen haber sido confirmadas. Según las más recientes investigaciones de Mendelejeff y Bogusky, con aparatos más precisos, todos los gases permanentes muestran una relación variable entre el volumen y la presión, El coeficiente de dilatación para el hidrógeno era positivo para todas las presiones que se habían aplicado hasta el día; es decir, la disminución del volumen era más lenta que el aumento de presión. En cuanto al aire atmosférico y demás gases estudiados se ha encontrado un punto de presión nulo, de suerte que ese coeficiente es positivo a una presión más pequeña y negativo a una presión mayor. La ley de Boyle, siempre prácticamente utilizable, exige, por tanto, completarse con toda una serie de leyes especiales. Sabemos al presente—en 1885—que no hay «gases permanentes», pues todos los gases se han reducido al estado líquido.