Ir al contenido

Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/135

De Wikisource, la biblioteca libre.
Esta página ha sido corregida
123
por Federico Engels

les y haber conferido, por consecuencia, a las verdades morales el carácter de verdades definitivas y sin apelación? Y si el Sr. Dühring no ha emitido semejante pretensión ni para sí ni para su tiempo, si sólo ha querido decir que un día quizás, en un porvenir lejano y oculto, podrían afirmarse verdades definitivas y sin apelación; si se contenta con decir aproximadamente, aunque más confusamente, lo mismo que dicen el «escepticismo disolvente» y «los espíritus en que reina una confusión caótica». ¡Oh! entonces ¿a qué tanto ruido y qué es lo que quiere el Sr. Dühring?

Y si no vamos más lejos cuando se trata de verdad y de error, ¿qué será cuando se trate del bien y del mal? Semejante oposición pertenece exclusivamente al orden moral, es decir, a un orden que se refiere a la historia de la humanidad, y en tal caso, justamente, las verdades definitivas y sin apelación son de lo más raro.

Las ideas de bien y de mal han variado tanto de pueblo a pueblo y de siglo a siglo, que con frecuencia son aún contradichas. Pero, se objetará, el bien, sin embargo, no es el mal, y el mal no es bien; pues si se confunde bien y mal, toda moralidad se acaba y cada uno puede hacer y admitir lo que le plazca. Tal es precisamente, despojándole del tono con oráculo de que lo reviste, el pensamiento del Sr. Dühring. Pero la cosa no es tan sencilla; si fuese tan poco complicada jamás se disputaría acerca del bien y del mal, y cada cual sabría lo que es bien y mal. ¿Dónde estamos hoy? ¿Qué moral se nos predica? He aquí desde luego la moral cristiana feudal, heredada de los siglos de fe, y esta moral se divide fundamentalmente en moral católica y protestante, sin perjuicio de nuevas subdivisiones, desde la moral de los jesuítas y del protestantismo ortodoxo, hasta la moral «avanzada».

Al lado de éstas tenemos la moral burguesa moderna