cir, en esa parte de la prensa socialista, la intención de fundarse precisamente en esa buena voluntad del señor Dühring para aceptar además, inconsideradamente, su doctrina.
Había también gentes que se disponían ya a difundir esa doctrina entre los trabajadores en una forma vulgarizada, y, por último, Dühring y su pequeña secta adoptaban todos los artificios del reclamo y de la intriga para obligar a Volksstaat a tomar decididamente posición frente a esta nueva doctrina, que entraba en escena con tan grandes pretensiones.
Sin embargo, vacilé un año antes de resolverme a prescindir de otros trabajos para morder este fruto agrio, fruto que precisaba comer por entero de que se catara, y fruto no sólo muy agrio sino muy grueso: como que la nueva teoría socialista se presentaba como el resultado práctico de un nuevo sistema filosófico. Se trataba, pues, de indagarla en el conjunto del sistema y al mismo tiempo de indagar el sistema mismo; se trataba de seguir al señor Dühring por ese vasto campo en que trata de todas las cosas posibles y de algunas otras más. Tal fue el origen de una serie de artículos que, a partir de comienzos del año 1878, aparecieron en el periódico que sucedió al Volksstaat, el Vorwärts, de Leipzig, y que ahora presento reunidos.
Así, la naturaleza del objeto mismo obligaba al crítico a detalles poco en relación con el contenido científico. del objeto; es decir, de los escritos de Dühring. Pero otras circunstancias aún podían excusar el detalle de esta crítica. De una parte, me daba ocasión de desarrollar, de una manera positiva, mi concepto acerca de cuestiones. controvertidas en campos muy diversos, y que era menester abordar—cuestiones que hoy tienen un interés científico y práctico general—; así en cada capítulo, y bien que esta publicación no tenga por objeto oponer otro