librarse de estos dos famosos individuos que, en el terreno de las relaciones sociales, representan un papel semejante al «de los habitantes de otros planetas» con quienes ya habíamos terminado; esperémoslo. ¿De qué se trata? de resolver una cuestión económica, política, etcétera, pues al punto, he aquí nuestros dos hombres que se unen y concluyen la cosa en un abrir y cerrar de ojos, de la manera más «axiomática». ¡Admirable descubrimiento, creador y generador de sistema del nuestra filosofía de la realidad! ¡Ay! pero para ser verídicos, él no ha descubierto los dos hombres, son comunes a todo el siglo XVIII. Se les encuentra ya en el Discurso sobre la desigualdad, de Rousseau, en que prueban, para decirlo de paso, de una manera axiomática, lo contrario de lo que pretende el Sr. Dühring. Esos hombres juegan un papel capital en los economistas, desde Adam Smith hasta Ricardo; pero al menos son desiguales en que cada uno ejerce un oficio diferente; lo mas frecuentemente el uno es cazador y el otro pescador y cambian entre sí sus productos. Sirven también a todo el siglo XVIII, principalmente como ejemplo y simple ilustración, y la originalidad del Sr. Dühring no consiste sino en haber elevado este método de ilustración a la dignidad de método fundamental de toda ciencia social y de medida para todas las formas históricas. Ciertamente no se podría hacer más fácil la «concepción estrictamente científica de los hombres y de las cosas».
Para establecer el axioma fundamental, según el cual dos hombres y sus voluntades son absolutamente iguales entre sí—de suerte que cada uno de ellos no tiene orden que dar al otro—no podemos tomar dos hombres cualesquiera, sino que precisa dos hombres bastante libres de toda realidad, de todas las situaciones nacionales, económicas, políticas y religiosas como existen en la tierra, de todas las particularidades sociales y personales,