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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/147

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por Federico Engels

su sujeción al poder de los vínculos sociales. En este caso también la voluntad extraña se considera como dotada de derechos iguales; pero la perversidad de las acciones hostiles y perjudiciales ha hecho necesaria una sanción compensadora, y si sufre una violencia, no hace más que sufrir el choque reflejo de su propia injusticia»[1].

Así no sólo la igualdad moral, sino también la igualdad intelectual, basta para eliminar la «igualdad plena y entera» de dos voluntades, y para instituir una moral que justifica todos los crímenes de los pueblos civilizados, expoliadores de los pueblos atrasados, y hasta las atrocidades de los rusos en el Turquestán.

Cuando en el verano de 1873, el general Kanfman sorprendió a la tribu tártara de los Jomudes e hizo quemar sus tiendas y pasar a cuchillo «como buen caucásico», como decía su orden, a mujeres y niños, también pretendía que la sumisión de la voluntad perversa, y por lo mismo hostil, de los Jomudes, es decir, su reducción al yugo de los vínculos sociales, había llegado a ser una necesidad ineludible y que los medios por él empleados eran los más propios para el fin que perseguía, pues quien quiere el fin quiere los medios. Pero al menos no tuvo la crueldad de mofarse de los Jomudes diciendo que haciendo con ellos tal carnicería compensadora, respetaba precisamente su voluntad como dotada de derechos iguales. Y de nuevo tenemos que, en tal conflicto, son los elegidos, quienes obran según la verdad y la ciencia, es decir, en último extremo «los filósofos de la realidad», quienes tendrán que decidir respecto a lo que es superstición, prejuicio, brutalidad, carácter perverso, y cuándo sea necesario usar la violencia compensadora y proceder a una sujeción compensadora. La igualdad por tanto es al presente... la violencia compensadora, y la segunda

  1. Cursus der Philosophie, pág. 205 y sig.