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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/152

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Anti-Duhring

corporativas y, de otra, de los medios que les hubiese permitido poner a ellos mismos en valor su fuerza de trabajo—, trabajadores capaces de logar a los fabricantes su fuerza de trabajo, por contrato, y que como contratantes estén dotados de iguales derechos que los fabricantes. Por último, la igualdad y el valor igual de todos los trabajos de los hombres, porque en la medida en que son trabajo humano en general, encontrarán su expresión más enérgica, aunque inconciente, en la ley del valor de la economía burguesa moderna, según la cual el valor de un objeto se mide por el trabajo socialmente necesario para producirlo y que se contiene en este objeto[1]. Pero mientras que la situación económica exigía la libertad y la igualdad de derechos, el orden político oponía a cada paso las trabas corporativas y los privilegios; privilegios locales, tarifas aduaneras diferenciales, leyes de excepción de todo género gravaban el comercio, no sólo del extranjero y del habitante de las colonias, sino con frecuencia también clases enteras de súbditos del Estado; por tanto, la acumulación de los privilegios corporativos eran siempre y en todas partes un obstáculo en la vía del desarrollo de la manufactura. En parte alguna estaba abierto el camino, en parte alguna eran iguales las posibilidades para los concurrentes burgueses y, por lo mismo, esa era la primer exigencia y la más apremiante.

Por eso se reclamaba la liberación de las trabas feudales y se reclamaba la instauración de la igualdad ante la ley y la abolición de las desigualdades feudales. Semejante reivindicación debía adquirir grandes proporciones desde el momento en que el progreso de la sociedad la puso a la orden del día. Mas, desde el momento en

  1. Esta deducción de las ideas igualitarias modernas, a partir de las condiciones económicas de la sociedad burguesa, se encuentra por primera vez en El capital, de Marx.