gracia, no estaba representada en Filadelfia[1]. También el socialismo alemán, principalmente después del buen ejemplo del Sr. Dühring, se ha dedicado hace poco, da una manera enteramente regocijante, a la fabricación del palastro extra, y produce tanto y tanto que se envanece de la ciencia y no ha aprendido ni una palabra de ella. Es una enfermedad de la infancia, síntoma de la conversión incipiente del estudiante alemán a la democracia social, síntoma que no puede separarse de tal conversión y de que triunfará el natural, notablemente sano, de nuestros obreros.
No es falta mía si he de seguir al Sr. Dühring por terreno en que puedo, a lo sumo, reivindicar el nombre de diletanti. Mas en casos semejantes me limito, las más de las veces, a oponer a las falsas o mal presentadas afirmaciones de mi adversario hechos exactos e incontestados: así hago en las ciencias jurídicas y, muy frecuentemente, en las ciencias naturales. Por otra parte, se trata de ideas generales de la ciencia teórica de la naturaleza, de un terreno en que aun el naturalista profesional se ve obligado a salir de su especialidad para meterse en campos vecinos, en un terreno en que, como ha confesado el señor Virchow, él es un semisabio, lo mismo que todos los demás. Espero se me conceda la misma indulgencia para pequeñas inexactitudes o inhabilidades del lenguaje que los sabios tienen costumbre de concederse mutuamente en semejante materia.
En el momento en que termino este prefacio, recibo un anuncio de librería redactado por el Sr. Dühring, en que anuncia una nueva obra «capital» del expresado señor con el título de Nuevas leyes fundamentales de física y química racionales. Por conciencia que tenga de la insuficiencia de mis conocimientos en física y en química, creo, sin embargo, conocer bastante a Dühring para
- ↑ En la Exposición internacional de Filadelfia en 1876.