rechazar toda acción de los colegios y consejos que cubre y disimula la responsabilidad individual. Quizás será una muy chocante revelación para el Sr. Dühring saber que, en todas partes donde rige el derecho inglés, cada miembro del tribunal debe en sesión pública pronunciar y justificar su propio juicio; que los colegios administrativos no electivos sin publicidad en sus debates ni voto, son una institución, propia sobre todo de Prusia y desconocida en la mayor parte de los demás países, y que por esa razón lo que el Sr. Dühring pide no puede pasar por sorprendente y muy riguroso... sino en Prusia.
De igual manera, sus quejas respecto a las ingerencias obligatorias de la religión en el nacimiento, el matrimonio, la muerte y el enterramiento, no tienen que ver con todos los grandes países civilizados, excepto la Prusia, y aun tampoco con ésta, después de introducirse el registro civil. Lo que el Sr. Dühring no llega a instituir sino por medio de un Estado «socialista» futuro, Bismarck mismo lo ha realizado, entretanto, con una simple medida legislativa. Lo mismo sucede con sus quejas con motivo de la «insuficiente preparación de los juristas para su oficio»... quejas que podrían oirse a los «funcionarios de la administración» pues son una jeremiada particularísima prusiana. Y aun esa judeofobia llevada hasta el ridículo y de que hace gala en toda ocasión el Sr. Dühring, es una cualidad que, si no exclusivamente prusiana, al menos es del gusto propio del terruño, de los países situados al Este del Elba. Y la «filosofía de la realidad» que lanza una mirada de soberano desprecio sobre todos los prejuicios y supersticiones está tan imbuída de las extravagancias personales que hace del prejuicio popular contra los judíos, heredado de la beatería medioeval, «un juicio natural» «fundado en la naturaleza» y llega hasta emitir esta afirmación piramidal: «El