socialismo es el único poder capaz de oponerse a situaciones en que la población está grandemente mezclada de judíos»; ¡situaciones en que la población está mezclada de judíos! ¡qué lenguaje natural!
Y ya hay bastante. Todas estas vanidades de erudición jurídica no se fundan, a lo sumo, sino en los conocimientos más ordinarios que se exige a cualquier jurista prusiano. El dominio jurídico y político de que «expone los resultados de un modo coherente el Sr. Dühring, coincide con el dominio en que se aplica el Landrecht prusiano. Fuera del derecho romano, hoy bastante familiar a todos los juristas, aun en Inglaterra, esos conocimientos jurídicos se circunscriben pura y simplemente al Landrecht prusiano, ese código del despotismo ilustrado y patriarcal, escrito en un alemán tal, que diríase fué en él a la escuela el Sr. Düring; ese código que, con sus glosas morales, su indecisión jurídica y sus inconsecuencias; sus bastonazos como instrumento de pena y de tortura, pertenece por entero a la época prerrevolucionaria. Todo lo que de ahí pasa es para el Sr. Dühring el mal, lo mismo el derecho burgués francés moderno que el derecho inglés con su evolución enteramente particular las y garantías desconocidas en todo el continente que asegura la libertad individual. Esta filosofía que, «lejos de admitir un horizonte puramente aparente presenta en un movimiento potente todas las tierras y todos los cielos del mundo exterior e interior, tiene por horizonte real... las fronteras de seis provincias orientales de la antigua Prusia y de algunos trozos de terreno en que rige el noble Landrecht; y más allá de dicho horizonte no se presentan ni tierras ni cielos, ni mundo exterior ni mundo interior, sino sólo la más crasa ignorancia respecto a lo que ocurre en el mundo, más allá de las fronteras.
No se podría tratar de moral y de derecho sin llegar a la cuestión del pretendido libre albedrío, de la respon-