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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/167

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por Federico Engels

cio del tedio, una especie de movimiento vital negativo... Una vida estancada hace que se apague en los individuos y los pueblos toda pasión y todo interés por la existencia. Nuestra ley de diferencia explica todos esos fenómenos[1].

Es cosa que supera a toda ponderación el ver con qué rapidez el Sr. Dühring afirma sus resultados fundamentalmente originales. Desde luego constituye un lugar común, traducido en lenguaje de la filosofía de la realidad, que la excitación repetida del mismo nervio, o la misma excitación continuada fatiga al nervio y a todo el sistema nervioso y, por consecuencia, es necesario, en estado normal, que se produzca una interrupción o cambio en las excitaciones nerviosas: lo cual puede leerse desde hace años en cualquier manual de Fisiología y lo sabe por experiencia el primer filisteo. Mas apenas esa antigua sosería se traduce en lenguaje misterioso («la esencia profunda de toda sensación consiste en la diferencia de estados») se transforma, al punto, en «nuestra ley de diferencia». Y esta ley «explica perfectamente» toda una serie de fenómenos que no son sino ilustraciones y ejemplos del placer de cambio; ejemplos que, aun para el entendimiento más vulgar de un filisteo, no necesitan de explicación y no se ponen más en claro, ni en un átomo, refiriéndolos a esa pretendida ley de diferencia.

Mas esto no agota todavía, si fuera preciso, toda la profundidad de «nuestra ley de diferencia». La serie de edades de la vida y la aparición de cambios naturales que a ellas se ligan, ofrecen claro ejemplo, muy propio para hacer comprender nuestro principio de diferencia. Niño, joven, adolescente, hombre hecho, experimentan a intensidad de su sentimiento de la vida en cada uno de esos momentos, mucho menos en los estados ya fijos en

  1. Kursus der Philosophie, III parte, cap. 1 y 2, págs. 123-178 y sobre todo VI parte, cap. 2.