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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/169

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por Federico Engels

ra más allá de los límites de duración que le son marcadas por la naturaleza o por las circunstancias, etc. «El valiente que tome por regla de vida estos solemnes y filisteos oráculos de un pedante que rumía las más insípidas soserías, no podrá quejarse «de lagunas absolutamente desprovistas de atractivo». Se necesitaría de mucho tiempo para preparar y ordenar prudentemente sus goces, de suerte que no quedaría ya instante libre para gozar».

Debemos probar la vida en su plenitud. Sólo dos cosas hay que nos prohiba el Sr. Dühring: primera, «el sucio uso del tabaco»; segunda, las bebidas y alimentos que «tienen propiedades que privan del gusto o, en general, son repugnantes para las naturalezas sensibles». Pero el Sr. Dühring, que en su Curso de Economía política, celebra la destilación del aguardiente en estilo ditirámbico, no podrá incluir el aguardiente entre esas bebidas; por consiguiente, nos vemos obligados a suponer que su prohibición no se extiende sino al vino y a la cerveza. Prohiba el uso de la carne y habrá llevado la filosofía de la realidad a las alturas en que se movía con tan gran éxito Gustavo Struve, a las alturas de la simple puerilidad.

En lo demás, el Sr. Dühring debería ser mucho más liberal cuando trata de las bebidas espirituosas. Un hombre que, según confiesa, no ha podido hallar todavía el puente de lo estático a lo dinámico, tiene todas las razones para ser indulgente con los pobres diablos que por haber acariciado un día demasiado una botella, también buscan sin lograrlo el puente... de lo dinámico a lo estático.