poder anticipar, sin haber leído su obra, que las leyes físicas y químicas que en ella se establecen, se colocarán, por su incomprensión o vulgaridad, en el género de leyes económicas, cosmológicas y demás que hasta aquí ha descubierto y he examinado en mi libro, y que el rigometro o instrumento para medir temperaturas muy bajas, servirá para medir, no temperaturas altas o bajas, sino pura y simplemente la presunción ignara del Sr. Dühring.
II
No esperaba que esta obra contase con nuevas ediciones. El objeto de la crítica, en efecto, está hoy como olvidado por completo. Y la crítica misma, no sólo ha tenido millares de lectores, cuando aparecía fragmentariamente en el Vorwärts de Leipzig en 1877 y 1878, sino que ha sido publicada separada e íntegramente en una edición de numerosos ejemplares. ¿Cómo aún hay gentes que se interesan en cuanto yo tenía que decir, hace muchos años, acerca del Sr. Dühring?
En primer lugar, lo debo a la circunstancia de que esta obra, como por otra parte casi todos aquellos de mis escritos que aún estaban en circulación, fueron prohibidos en el Imperio alemán, al punto de promulgarse la ley contra los socialistas. Quien no está amarrado a los prejuicios de los funcionarios tradicionales en los países de la Santa Alianza, debía prever el efecto de tal medida con toda claridad: doble o triple salida para los libros prohibidos, y manifestación de la impotencia de los señores de Berlín que promulgan prohibiciones sin poder hacer se las respete. De hecho, la amabilidad del gobierno Imperial me procura más nuevas ediciones de mis peque-