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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/173

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por Federico Engels

Sin duda, mientras consideramos las cosas en reposo y como sin vida, cada una aparte y una al lado de otra, no tropezamos con ninguna contradicción. Nosotros encontramos ciertas propiedades unas comunes, otras diferentes y hasta contradictorias entre las cosas, pero en este último repartidas en objetos diferentes y, por consecuencia, no implican en sí contradicción. En los límites de este orden de cosas, nos salimos del modo del pensamiento habitual, metafísico; pero, cuando consideramos las cosas en el movimiento, en el cambio, en su vida, en la acción recíproca de unas en otras, el caso es muy diferente, y entonces caemos al punto en las contradicciones. El movimiento mismo es una contradicción: ya el mismo simple cambio mecánico de lugar no puede realizarse sino porque un cuerpo en un solo y mismo momento, está en un lugar y al mismo tiempo en otro lugar, en un solo y mismo lugar y no en este lugar. Y la posición constante y la solución simultánea de esta contradicción justamente es el movimiento.

Aquí tenemos, pues, una contradicción que se encuentra «objetivamente y por decirlo así encarnada en las cosas y en los fenómenos mismos»: ¿qué dice a esto el señor Dühring? Declara, en suma, que hasta al presente no existe «en la mecánica racional puente entre lo rigurosamente estático y lo dinámico». Al cabo ahora el lector se da cuenta de lo que se oculta tras esa frase favorita del Sr. Dühring: no más de ésta; el entendimiento que piensa metafísicamente es absolutamente incapaz de pasar de la idea del reposo a la de movimiento, porque la contradicción de que hablamos anteriormente le sale al paso. El movimiento, por ser una contradicción, le es incomprensible por completo y mientras afirma que el movimiento es incomprensible, concede, a pesar suyo, la existencia de semejante contradicción y concede, pues, que exista en las cosas y en los fenómenos mismos, obje-