al Sr. Dühring en un estado de irresponsabilidad en que «conforme a una cierta idea compuesta y mal nacida», todo lo que dice y hace «es todo uno».
He aquí un ejemplar de lo que el Sr. Dühring llama «mi forma de gran estilo de escribir la historia» o también «el método sumario que pone en orden la especie y el tipo, sin descender hasta honrar el poner al descubierto, en particularidades micrológicas», lo que Hume llama el populacho de los sabios, este método de estilo elevado y noble, único compatible con los intereses de la plena verdad y con los deberes que se tiene con el público libre de las trabas de casta».
La forma de gran estilo de escribir la historia y el método sumario que pone en orden la especie y el tipo, en efecto, son muy cómodos para el Sr. Dühring, puesto que puede, en adelante, desdeñar como «micrológicos» todos los hechos precisos, darlos como nulos y no tiene más que en lugar de demostrar, hacer frases generales, afirmar y tronar. También tiene la ventaja de no ofrecer al adversario ningún punto de apoyo efectivo y no dejarle, en consecuencia, otro medio de responder que, afirmar a su vez lo contrario sumariamente y «en gran estilo», extenderse en formas generales de hablar y, finalmente, fulminar rayos a su vez al Sr. Dühring; en una palabra, jugar a devolverse la pelota, lo cual no es del gusto de todo el mundo. Debemos, pues, estar reconocidos al Sr. Dühring cuando por excepción abandona el estilo noble y elevado para darnos al menos dos ejemplos de la detestable «teoría del Logos» de Marx. «Qué efecto cómico produce, por ejemplo, esta referencia a la nebulosa y confusa idea hegeliana, de que la cantidad se transforma en cualidad, y, por esta razón un anticipo, cuando alcanza cierto límite, por la sola virtud de dicho incremento cuantitativo deviene capital»![1]
- ↑ Kursus der Nationalökonomie, pág. 481.