ñas publicaciones, de las que puedo prometer: yo no tengo tiempo de corregir el texto, como fuera menester, y es forzoso me contente con frecuencia con hacerlas reimprimir simplemente.
A esto se añade otra razón. El «sistema» del Sr. Dühring, cuya critica se hace en este libro, se extiende a un campo teórico muy vasto; por eso me vi obligado a seguirle por todas partes y oponer a sus concepciones las mías. De este modo, la crítica negativa se hizo positiva, pues la polémica se transformó en una exposición más o menos coherente del método dialéctico y del concepto o intuición del mundo propia de Marx y de mí; y esto en una serie bastante comprensiva del asunto. Esta filosofía, después que hizo su aparición en el mundo, mediante la Miseria de la Filosofía de Marx y el Manifiesto comunista, atravesó un período de incubación de más de veinte años, hasta que, después de la publicación de El Capital, se extendió con velocidad creciente a medios cada vez más apartados, y llegando más allá de las fronteras de Europa, conquistó la atención y los sufragios en todos los países en que existen proletarios, de una parte, y teóricos científicos independientes, de otra. Parece, pues, hay un público que se interesa bastante por esta causa, para acoger, por añadidura, la polémica contra las tesis de Dühring (polémica al presente sin objeto en muchos respetos) a causa de los desenvolvimientos positivos dados al mismo tiempo.
Y hago incidentalmente esta manifestación. Como la filosofía que expongo en este libro, en su mayor parte ha sido fundada y desarrollada por Marx, y en su menor parte por mi, era muy natural que yo no escribiera esta exposición sin que lo supiese. Antes de la impresión le leí el manuscrito entero y, por lo que respecta al décimo capítulo de la segunda parte, dedicado a la economía política (Sobre la Historia crítica), lo escribió Marx mis