dios de producción y, por consiguiente, a la expropiación de los propietarios de las propiedades privadas: Cuanto queda entonces por expropiar, no es ya el trabajador que explota por sí mismo, sino el capitalista que explota numerosos trabajadores. Tal expropiación se cumple por el juego de las leyes inmanentes de la misma producción capitalista, por la concentración de los capitales; cada capitalista mata muchos. Paralelamente a esta concentración o expropiación de numerosos capitalistas por algunos, se desarrolla la forma cooperativa del trabajo, en grado siempre creciente, la aplicación técnica conciente de la ciencia, la explotación común y sistemática del suelo, la transformación de los medios de trabajo en instrumentos de trabajo que no pueden utilizarse sino en común, y todos los medios de producción economizados como medios de producción común de un trabajo social combinado... Así, mientras disminuye de una manera constante el número de los magnates del capital, que usurpan y monopolizan todas las ventajas de dicha transformación, se ve crecer la miseria, la opresión, la servidumbre, la degradación, mas tambien la rebeldía de la clase trabajadora que aumenta sin cesar y que, por el mecanismo mismo de la producción capitalista, se alza, une y organiza. El capital deviene una traba para el modo de producción que con él y bajo él ha florecido. La concentración de los medios de producción y la socialización del trabajo alcanza un grado que se hace incompatible con su envoltura capitalista, ésta se rompe, la hora de la propiedad privada capitalista ha sonado, los expropiadores son expropiados»[1].
Y ahora pregunto yo al lector: ¿Dónde están, pues, «los entrelazamientos de dialéctica capciosa» o los arabescos de ideas, o «la idea compuesta y mal nacida» según la
- ↑ Das Kapital, tercera edición, pág. 790.