cual, finalmente, «todo es uno» o los «milagros dialécticos para los fieles» o «los misterios dialécticos» y las «contorsiones conforme a la doctrina hegeliana del Logos» sin la cual, según el Sr. Dühring, Marx no habría podido realizar su «evolución»? Marx prueba sencillamente y resume de modo breve en el pasaje citado, que: así como ha poco la pequeña industria engendra por su propia evolución las condiciones de su destrucción, es decir, la expropiación de los pequeños propietarios, y esto de un modo necesario; así también hoy la forma de producción capitalista ha engendrado las condiciones materiales de que debe morir. Tal proceso es un proceso histórico y si al mismo tiempo es un proceso dialéctico, Marx no tiene la culpa, por mucho que ello contraríe al Sr. Dühring.
Unicamente después de haber terminado con su prueba histórica y económica, Marx continúa: «La forma de producción y de apropiación capitalista, por tanto, la propiedad privada capitalista, es la primera negación de la propiedad individual fundada en el trabajo personal. La negación de la producción capitalista se engendra por sí misma, con la necesidad de un proceso natural: es la negación de la negación...» (y lo que sigue es lo antes citado).
Así, cuando Marx califica tal fenómeno de negación de la negación, no piensa en probar por este medio su necesidad histórica, sino todo lo contrario. Cuando ha probado por la historia que, de hecho, el fenómeno se ha producido o debe producirse, lo designa al mismo tiempo como fenómeno que se cumple, según una ley dialéctica determinada. Y esto es todo. El Sr. Dühring atribuye, pues, de nuevo a Marx, lo que éste nunca dijo, cuando pretende que la negación de la negación debe jugar en este caso el papel de partera por cuyos cuidados el porvenir sale del seno del pasado, o cuando pretende que Marx exige como cosa de fe que, por la negación de la negación