XIV
CONCLUSIÓN
Hemos terminado con la Filosofía. Cuanto queda aún de las fantasías proféticas del Curso, nos ocupará al tratar de la revolución hecha por el Sr. Dühring en el socialismo. ¿Qué nos prometió el Sr. Dühring? Todo. ¿Qué promesa ha cumplido? Ninguna. «Los elementos de una filosofía real y, por consecuencia, orientada a la realidad en la naturaleza y en la vida», «la concepción rigurosamente científica del mundo», las «ideas sistemáticas y todos los demás méritos del Sr. Dühring, y que el Sr. Dühring celebra en fórmulas resonantes, todo ello aparece, por todas partes en que hemos apretado un poco, pura locura». Ese «esquematismo del universo», que sin perder nada de la profundidad del pensamiento, había fijado con certeza «los aspectos esenciales del Ser», se ha mostrado como un eco empobrecido de la Lógica de Hegel y comparte con él el último prejuicio, según el cual, esas «formas esenciales», esas categorías lógicas implican, no sé dónde, una existencia misteriosa, antes del comienzo y fuera del mundo a que fuera menester aplicarlas». La filosofía de la naturaleza nos ofrece una cosmogonía cuyo punto de partida es una «materia en estado indiferente, idéntico a sí mismo», estado que no puede representarse sino confundiendo, a la desesperada, la materia, el movimiento y su relación; estado que tampoco podría representarse sino admitiendo la existencia de un dios perso-