implica, según las circunstancias históricas de que se origina, formas de repartición muy diversas; pero evidentemente el gran cultivo siempre determina una repartición distinta de la del pequeño cultivo. El gran cultivo supone o engendra el antagonismo de clases (propietarios de esclavos y esclavos, propietarios fondiarios y campesinos sometidos a prestación, capitalistas y asalariados), en tanto el pequeño cultivo no necesita en ninguna manera las diferencias de clases entre los individuos que participan en la producción agrícola y, por lo contrario, dicho antagonismo señala, por el sólo hecho de su existencia, que se inicia la decadencia de la economía parcelaria. El hecho de introducirse y extenderse la moneda metálica en un país, en que hasta entonces dominaba exclusivamente o en su mayor parte la economía natural (Naturalwirstchaft), siempre va unido a una revolución más o menos rápida de la forma imperante en la repartición y al incremento constante de la desigualdad de la repetición entre los individuos, es decir, al contraste entre ricos y pobres.—La industria del taller local y corporativo medioeval, hacía imposible los grandes capitalistas, y los trabajadores asalariados por toda la vida, que crea necesariamente la gran industria moderna, el actual desarrollo del crédito y la evolución correspondiente de las formas de cambio, a saber: la libre concurrencia.
Con las diferencias en la repartición, aparecen las distinciones de clase. La sociedad se escinde en clases privilegiadas y fracasadas (explotadas), opresoras y oprimidas; y el Estado—resultado de las comunidades de igual raza agrupadas espontáneamente para la defensa de sus intereses comunes (en Oriente, por ejemplo, el riego) y para protegerse contra los enemigos de fuera—tiene entonces por objeto el mantener por la fuerza las condiciones de existencia y el predominio de la clase dominante contra la clase dominada.