casi exclusivamente, a la génesis y evolución de la forma de producción capitalista. Esta ciencia comienza con la crítica de los restos de las formas feudales de producción y de cambio; prueba la necesidad de sustituirlas con las formas capitalistas, desarrolla después las leyes de la forma de producción capitalista y del cambio correspondiente en su faz positiva, es decir, en el sentido en que dichas leyes favorecen los fines generales de la sociedad, y termina con la critica socialista del modo de producción capitalista, o sea con la exposición de tales leyes en su fase negativa, probando como esa forma de producción tiende por su propia evolución a un punto en que también se hace imposible. Semejante crítica prueba, que las formas capitalistas de producción y de cambio devienen, cada vez más, cadenas insoportables para la producción misma; que la forma de repartición necesariamente determinada por esas formas, ha engendrado una situación de clases, de día en día más insoportable; el antagonismo, cada día más acusado entre capitalistas—cada vez menos numerosos, pero siempre más ricos—, y asalariados desposeídos—siempre más numerosos, cuya condición, en conjunto, empeora constantemente; por último, que las fuerzas productivas colosales, engendradas en el seno de la forma de producción capitalista—, y esta misma forma no puede ya contener—no esperan sino la toma de posesión por una sociedad organizada por la cooperación sistemática, a fin de garantir, en una medida cada vez más amplia, a todos los miembros de la sociedad los medios de vivir y de desenvolver libremente sus facultades.
Para realizar completamente esta crítica de la economía burguesa, no basta conocer la forma capitalista de producción, cambio y repartición; es preciso igualmente comprender, al menos a grandes rasgos, mediante el estudio y la comparación de las formas que han precedido a la forma capitalista, o que aún subsisten hoy al mismo