tiempo que ella, en países menos adelantados en la evolución. Este estudio y comparación no se han instituído hasta al presente, sino por Marx, y por eso debemos casi, exclusivamente, a sus investigaciones cuanto hasta aquí se sabe de la economía teórica pre-burguesa.
Bien que la economía política, en el sentido preciso del término, haya nacido hacia fines del siglo XVII en cerebros geniales, tal cual fue expuesta en fórmulas positivas por los Fisiócratas y por Adam Smith; sin embargo, es esencialmente hija del siglo XVIII, у debe colocarse en la misma fila que las conquistas de los grandes «filósofos» franceses contemporáneos, pues participa de todas las cualidades y de todos los defectos de la época. Cuanto hemos dicho de los «filósofos» del Aufklärung, es igualmente cierto de los economistas de la época. La ciencia nueva para ellos, no era la expresión de la situación y de las necesidades de una época, sino la expresión eterna de la razón; y las leyes de la producción y del cambio formuladas por ella, no eran las leyes de una forma histórica determinada por tales actividades, sino las leyes eternas de la naturaleza, que se deducían de la naturaleza del hombre. Mas ese hombre, bien considerado, era el ciudadano de la clase media de su tiempo, próximo a ser burgués, y su naturaleza consistía en fabricar y traficar, en conformidad a la situación de entonces, determinada por la historia.
Nosotros, que hemos conocido suficientemente a nuestro «fundador crítico» el Sr. Dühring, y su método por la filosofía, podemos prever sin dificultad el concepto que se formará de la economía política. En filosofía, cuando no se contentaba con repetirse insípidamente, como en su filosofía de la naturaleza, sus conceptos no eran más que la caricatura de los del siglo XVIII; pues no se trataba de las leyes de la evolución histórica, sino de leyes naturales, de verdades eternas. Cuestiones sociales, como cues-