terior sólo podía manifestarse la acción de las leyes económicas naturales[1].
Semejante proposición es la marcha que como leit motiv de Wagner, anuncia la proximidad de «los dos hombres» tan famosos. Pero todavía hay algo más en el tema fundamental de todo el libro de Dühring. El señor Dühring, en cuanto concierne al Derecho, no nos habría dado sino una mala traducción de la teoría igualitaria de Rousseau en lenguaje socialista, tal cual puede oirse aún mejor, desde hace años, en cualquier cafetucho de obreros parisienses. Nos da una traducción socialista tan mala como las lamentaciones de los economistas sobre la falsificación de las leyes económicas, naturales y eternas, y de su acción por la intervención del Estado o de la fuerza. De esa manera, el Sr. Dühring se coloca como merece, aparte de los socialistas. Todo obrero socialista, cualquiera que sea su nacionalidad, sabe muy bien que la fuerza se limita a proteger la explotación; pero esa no es la causa de la misma, sino que la razón de su explotación estriba en la relación entre el capital y el trabajo asalariado, relación que se constituye de una manera puramente económica y no bajo la acción de la violencia.
Más adelante nos enteramos de que en todas las cuestiones económicas «se podrá distinguir dos procesos, el de la producción y el de la repartición; que el célebre J. B. Say, autor superficial, añadió un tercer proceso, el del consumo, pero sin poder decir nada sensato con tal motivo, lo mismo que sus sucesores; que el cambio o circulación no es sino una subdivisión de la producción que comprende todas las operaciones necesarias para hacer llegar los productos al último y verdadero consumidor.—Pero el Sr. Dühring, confundiendo los procesos de producción y de circulación, esencialmente distintos, bien
- ↑ Kursus der Nationalôkonomie, págs. 15, 21 y 25.