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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/218

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Anti-Duhring

que condicionándose reciprocamente, al afirmar audazmente que apartar semejante confusión es «crear la confusión», prueba solamente que no conoce ni comprende, el desarrollo colosal efectuado, precisamente, en la circulación en los últimos cincuenta años; y su libro confirma, de otra parte, tal supuesto. Y no es eso todo; sino que después de haber comprendido la producción y el cambio bajo la denominación única de producción, yuxtapone al lado de la producción la repartición como un segundo proceso enteramente exterior y como si ninguna relación tuviera con el primero. Mas hemos visto que la repartición, en rasgos generales, resulta siempre de la situación de la producción y del cambio en una sociedad determinada, así como de los antecedentes históricos de dicha sociedad, de tal suerte que, cuando conocemos estos últimos, podemos inferir con precisión la forma de repartición existe en esa sociedad. Vemos asimismo el Sr. Dühring, si no quiere ser infiel a los principios «establecidos» en su filosofía de la moral, del derecho y de la historia, está obligado a negar ese hecho económico elemental y, sobre todo, está más obligado a ello cuando necesita meter de matute esos «dos hombres» inevitables en la economía, pues sólo cuando la repartición, felizmente se emancipe de toda relación de producción y de cambio, podrá darse ese gran acontecimiento.

Recordemos, pues, el modo cómo se han efectuado las cosas en moral y en derecho. El Sr. Dühring comenzaba con un solo hombre y decía: Un hombre, en la medida en que nos le representamos como único, o lo que es igual, como sin ninguna relación con otro, no puede tener deberes; para él no hay deberes, sino sólo querer».

¿Pero qué hombre único es ese, sin deberes, sino el fatal Adán del Paraíso, que está sin pecado por la sencilla razón de que es incapaz de cometerlo? Junto a este Adán surge de pronto, no una Eva de largos bucles, sino