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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/222

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Anti-Duhring

ciliarse con las leyes de la naturaleza humana y con la jerarquía natural y necesaria del cuerpo social. Así, en 1868, la propiedad privada y el salariado son necesarios, fundados en la naturaleza y, por consecuencia, justos; y en 1876 una y otro son producto de la violencia y de la «rapiña», y por tanto injustos.

Imposible prever lo que, dentro de unos años, podrá parecer justo y moral a un genio tan impetuoso y, por lo mismo, será preferible ciertamente nos atengamos a las leyes económicas reales y objetivas más bien que a las ideas subjetivas, instantáneas y variables del Sr. Dühring, acerca de lo justo y de lo injusto.

Si de la revolución inminente del modo actual de la repartición de los productos del trabajo, con el contraste hiriente de la miseria y de la opulencia, del hambre y de la orgía, no tuviéramos mejor testimonio que la conciencia de la injusticia de esa forma de repartición y la convicción de la victoria final del derecho, no estaríamos muy adelantados y podríamos esperar por mucho tiempo. Los místicos de la Edad Media, que soñaban con la llegada del reino milenario, ya tenían conciencia de la injusticia del antagonismo de clases; en el umbral de la historia moderna, hace trescientos cincuenta años, Tomás Munzer lanzó grito semejante y el mismo resuena aún en la Revolución de Inglaterra, en la Revolución francesa burguesa y... se apaga. Y si hoy ese grito de la abolición de los antagonismos y de las distinciones de clase, que hasta 1830 dejaba frías a las masas laboriosas y apenadas, se repite por millares de ecos, si se apodera de un país tras otro, a medida y en proporción que la industria se desarrolla en cada país, si ha conquistado en una generación una fuerza capaz de desafiar a todos los poderes coaligados en contra suya, si está cierta de la victoria en un próximo porvenir, ¿de qué proviene?

Proviene, de una parte, de que la gran industria mo-