cialista y revolucionario que se parezca». Tal es la teoría del Sr. Dühring. Como en otros muchos pasajes, en este caso se limita a asentarla, a decretarla, por decirlo así, pura y simplemente; en cuanto a dar la menor prueba, o a refutar la opinión contraria, no hay ni que pensarlo un instante, en ninguno de sus tres gruesos volúmenes[1]. Aun cuando los argumentos fuesen tan baratos como las moras, el Sr. Dühring no nos los ofrecería. ¿La cosa no está probada por la famosa caída original, con ocasión de la reducción a esclavitud de Viernes por Robinsón? Ese fue un acto de violencia y, por consecuencia, un acto político. Y como esa sujeción constituye el punto de partida y el fenómeno fundamental de toda la historia hasta el día, le inocula el pecado original de injusticia, de tal suerte, que en los períodos subsiguientes no ha sido, sino dulcificado y «transformado en las formas más indirectas de la dependencia económica»; y como toda la propiedad fundada en la violencia que ha reinado hasta aquí, se funda igualmente en esa sujeción primitiva, evidentemente todos los fenómenos económicos han de explicarse por causas políticas, a saber, por la violencia. Y a quien no le baste esto, no es más que un reaccionario disfrazado.
Observemos primero, que es menester estar tan prendado de sí mismo como el Sr. Dühring, para considerar semejante opinión como «original», cuando no lo es en manera alguna. La idea de que los actos políticos del Estado sean los motores determinantes de la evolución histórica es tan antigua como la historia misma, y esa es la principal causa por la cual sabemos tan pocas cosas acerca de esa evolución silenciosa, que se realiza tras esas escenas ruidosas y que hacen marchar adelante a los pueblos. Tal idea ha dominado toda la concepción
- ↑ Cursus der Philosophia, Cursus der Nationalökonomie, Kritische Geschichte der.