cual es para Robinsón y Viernes, tal es también para todos los casos de dominio y de servidumbre como se han presentado hasta el día. La servidumbre siempre ha sido, para emplear la elegante expresión del Sr. Dühring, «medio para fines de nutrición» (tomados dichos fines en su más amplio sentido), mas nunca ni en parte alguna, «una agrupación política instituida en vista de sí misma». Preciso es ser el Sr. Dühring para figurarse que los impuestos en el Estado, no son sino «efectos de orden secundario», o que la agrupación política actual de la burguesía dominante y del proletariado dominado no existe, «sino en vista de sí mismo», y no en vista de «alimentar» a los burgueses imperantes, a saber, en vista del beneficio de la acumulación del capital.
Pero volvamos a nuestros dos hombres. Robinson, «espada en mano», hace su esclavo de Viernes. Pero para lograrlo, Robinsón necesita de otra cosa que una espada. Todo el mundo no puede utilizar un esclavo; para estar en condiciones de servirse de él, es menester tener dos cosas a su disposición: primero, los instrumentos de trabajo y los objetos que sirven para el trabajo del esclavo y, en segundo lugar, las cosas indispensables para su mantenimiento. Antes, pues, de que sea posible el esclavo, es preciso haber alcanzado un cierto grado de desarrollo en la producción y un cierto grado de desigualdad en la repartición. Y para que el trabajo servil devenga el medio de producción dominante en una sociedad entera, es menester un incremento muy considerable de la producción, del comercio y de la acumulación de las riquezas. En las comunidades primitivas, en que reina la propiedad común de la tierra, la esclavitud no existe del todo o representa un papel muy subordinado. Asimismo acontecía en la Roma primitiva, que era una ciudad de campesinos; pero cuando Roma llegó a ser una «ciudad universal», la propiedad fundiaria en Italia se