concentra, cada vez más, en manos de una clase poco numerosa de propietarios colosalmente ricos, y esa población campesina se sustituye por la población servil. Si en la época de las guerras medias, el número de esclavos llegaba en Corinto a 460.000, en Egira a 470.000, y los esclavos estaban en la proporción de diez por uno respecto de los hombres libres, menester era, por tanto, existiera otra causa que la «fuerza», a saber: una industria artística y de oficio muy desarrolladas y un comercio extenso. La esclavitud en los Estados Unidos de América se fundaba menos en la violencia que en la industria algodonera inglesa; en las regiones en que no se daba el algodón y en que no se dedicaban tampoco, como los Estados limítrofes, a la crianza de esclavos por cuenta de los Estados algodoneros, la esclavitud murió por sí misma sin intervención alguna de la fuerza, porque no era remuneradora.
Cuando, pues, el Sr. Dühring dice que la propiedad actual es una propiedad fundada en la violencia, y la define como «la forma de dominio que tiene por base, no sólo la exclusión de otros hombres del goce de los medios naturales de existencia sino, lo que es muy distinto, la servidumbre del hombre, invierte por completo la relación. La servidumbre del hombre, en todas sus formas, supone que quien somete dispone de instrumentos de trabajo, medio sólo por el cual podrá utilizar al hecho siervo y, el caso de la esclavitud, supone además, que el dueño dispone de aquellos medios de existencia que le permitirán mantener al esclavo; por consiguiente, en todo caso, la posesión de una cierta fortuna que supere el término medio. ¿Cuál es el origen de semejante posesión? Evidentemente, en todo caso, que si puede haber sido sustraída, y por tanto fundarse en la violencia, no es necesario, en modo alguno, sea así; ha podido ser adquirida por el trabajo, ha podido ser robada, adquirida por el