III
TEORÍA DE LA VIOLENCIA
(Continuación.)
Consideremos, sin embargo, desde más cerca esa «violencia» todo-poderosa del Sr. Dühring. Robinsón hace su siervo de Viernes, espada en mano. ¿De dónde le viene esa espada? Aun en las islas fantásticas de las robinsonadas, las espadas no brotan de los árboles; el Sr. Dühring se dispensa de decir nada de este asunto. Lo mismo que Robinsón ha podido procurarse una espada, nos place admitir que Viernes aparecerá una mañana con un revólver cargado en la mano y entonces la relación de «fuerza» se invertirá completamente y será Viernes quien mandará y Robinsón quien se fatigará. Mas perdone el lector, volvamos con tanta consecuencia lógica a la historia de Robinsón y Viernes que está muy en su lugar en la nursey y no en la ciencia ¿pero qué le vamos a hacer? Necesitamos aplicar concienzudamente el método axiomático del señor Dühring y no es nuestra falta si constantemente andamos por el terreno de la pura y simple puerilidad. El revólver supera, pues, a la espada; por donde el más pueril de los aficionados a los axiomas comprenderá, sin duda, que la violencia no es un simple acto de la voluntad, sino que exige para manifestarse condiciones previas, sumamente reales, a saber, instrumentos—los cuales, los más perfectos, superan a los menos perfectos—y que es menester además que dichos instrumentos se produzcan; lo que quiere