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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/239

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por Federico Engels

todo el arte de la guerra, como saben todos los escolares. La introducción de la pólvora de cañón y las armas de fuego no fue, sin embargo, en modo alguno un acto de violencia sino un progreso industrial y, por tanto, económico. La industria es la industria, ya se aplique a la producción o a la destrucción de los objetos. Y la introducción de las armas de fuego ha trastrocado, no sólo el arte mismo de la guerra, sino las relaciones políticas de la soberanía y de la servidumbre. Para obtener pólvora y armas de fuego, era preciso industria y dinero; una y otra cosa estaban en poder de los burgueses de las ciudades. Las armas de fuego fueron, pues, desde el principio, las armas de la ciudad y de la monarquía, que se desarrollaba apoyada en las ciudades contra la nobleza feudal. Las murallas de piedra, hasta entonces inabordables, los castillos feudales caían al empuje de los cañones de los burgueses: las balas de los arcabuces burgueses atravesaban las corazas de los caballeros. Con la noble caballería cubierta de hierro se hundió también el dominio de la nobleza; a medida que se desarrollaba la burguesía, la infantería y la artillería eran cada vez más las armas que decidían de la victoria y por exigencia de la artillería, el oficio de las armas tuvo que aumentarse con una subdivisión nueva y completamente industrial, como el cuerpo de ingenieros militares.

El perfeccionamiento de las armas de fuego se hizo muy lentamente. La artillería siguió siendo pesada y el fusil grosero, a pesar de las numerosas invenciones de pormenor; fue menester más de trescientos años para que se fabricase un fusil que pudiese servir de armamento a toda la infantería. Sólo a principios del siglo XVIII el fusil de chispa con bayoneta desterró definitivamente la pica del armamento de los infantes. En esa época la infantería se componía de soldados alistados, propiedad de los príncipes, que maniobraban con rigidez, pero que no