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Página:Anti Dühring ó La revolución de la Ciencia de Eugenio Dühring - bdh0000252307.pdf/243

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por Federico Engels

hasta entonces se formaban infaliblemente por sí mismas al disolverse la columna bajo la granizada de metralla y que instrucciones superiores habían combatido como contrarias al orden; y el paso de carrera fue desde entonces el que llegó a ser el único modo de movimiento en el radio de la descarga enemiga. Una vez más el soldado había sido más astuto que el oficial e instintivamente había descubierto la única forma de combate que hasta el presente estaba a prueba del fuego de fusil, que se cargaba por la recámara y la aplicaba con éxito a pesar de la resistencia del mando.

Con la guerra franco-alemana se abre un período de mucha más importancia que los precedentes. Primeramente, las armas son tan perfeccionadas que un nuevo progreso, de influencia radical, ya no es posible. Cuando a cañones que permiten alcanzar a un batallón tan lejos como la vista le distingue y fusiles que dan un resultado semejante respecto del hombre aislado que se toma por blanco—fusiles cuyo tiempo de carga es menor que el de apuntar—todos los progresos ulteriores de la guerra en campo raso son más o menos indiferentes. De esta parte la era del desarrollo, fundamentalmente, ha terminado. Pero, en segundo lugar, esa guerra ha obligado a todos los grandes Estados del continente, a introducir, agravándole, el sistema prusiano del landwehr (ejército territorial) y, en consecuencia, imponerse cargas militares que los arruinarán en pocos años. El ejército ha llegado a ser el principal fin del Estado, el fin en sí; los pueblos no existen sino para dar y mantener soldados. El militarismo domina y se traga a Europa. Mas dicho militarismo lleva, en sí mismo, también el germen de su propia destrucción. La concurrencia de los Estados particulares entre sí les obliga, de una parte, a gastar cada año más dinero en el ejército, en la marina, en la artillería, acelerando por tal modo, de día en día, la catástrofe financiera; de otra par-