dos los demás fenómenos históricos, se destruye por las consecuencias mismas de su propia evolución.
Aquí también vemos, muy claramente, que no hay necesidad de ninguna manera de buscar «el elemento primitivo en la fuerza política inmediata en lugar de buscarlo en una potencia indirecta económica». ¡Muy al contrario! ¿Qué se manifiesta como el «elemento primitivo» de la fuerza misma? La potencia económica, el hecho de disponer de los instrumentos de poder de la gran industria. La fuerza política naval, fundada en los barcos de guerra modernos, no se manifiesta en modo alguno «inmediatamente», sino, al contrario, mediatamente, por mediación del poder económico, del alto grado de desarrollo de la metalurgia, del hecho de mandar técnicos diestros y contar con ricos yacimientos de carbón.
Mas ¿para qué todo eso? Confíese el mando superior, en la próxima guerra naval, al Sr. Dühring, y se le verá destruir todas las flotas acorazadas, siervas de la situación económica, sin torpedos ni otros artificios, por sólo la virtud de su «fuerza inmediata».