ciencia griega; sin esclavitud no hay Imperio Romano y sin la base del helenismo y del Imperio Romano, no hay Europa moderna. Jamás deberíamos olvidar que todo nuestro desarrollo económico, político e intelectual supone un estado en que la esclavitud era tan necesaria como generalmente reconocida. En tal sentido, tenemos derecho a decir: sin esclavitud antigua, no hay socialismo moderno.
Fácil es tronar contra la esclavitud y otras cosas de ese género, en términos generales, y dar rienda suelta a la indignación moral acerca de la ignominia de tales instituciones; pero así no se dice más, por desgracia, que lo que todo el mundo sabe, esto es, que esas antiguas instituciones ya no responden a nuestra situación presente y a los sentimientos determinados por esa situación y nada nos enseña tocante al origen de esas instituciones, a la razón de su duración, y al papel que han representado en la historia. Ahora, si estudiamos de cerca este asunto, nos vemos obligados a declarar, por contradictoria y herética que pueda parecer la afirmación, que la introducción de la esclavitud ha sido un progreso, en las circunstancias en que se produjo. Es un hecho que la humanidad, nacida de la animalidad, ha tenido necesidad de medios bárbaros y casi animales para salir de la barbarie. Las antiguas comunidades, allí donde han subsistido, son desde hace millares de años las bases del sistema político más grosero, del despotismo oriental, desde la India a Rusia. Sólo alli donde se disolvieron los pueblos, por sí mismos, han progresado: su primer progreso económico ha consistido en el incremento y el desarrollo de la producción por medio del trabajo servil. Claro es que, en tanto el trabajo del hombre aún era poco productivo para no rendir sino algún excedente, el incremento de las fuerzas productivas, la extensión del comercio, el desarrollo del Estado y del derecho, el nacimiento del arte y de la ciencia no eran