posibles sino por una mayor división del trabajo. El trabajo debía basarse en la gran división entre masas ocupadas en el simple trabajo manual y un reducido número de privilegiados que dirigían el trabajo, se ocupan del comercio, de los asuntos públicos y, más tarde, del arte y de la ciencia. La forma primitiva y más sencilla de esta división del trabajo fue precisamente la esclavitud.
Dados los antecedentes históricos del mundo antiguo, principalmente del mundo helénico, el progreso de pasar a una sociedad fundada en la lucha de clases no podía efectuarse sino mediante la esclavitud; y ello fue un progreso, aun para los esclavos, porque los prisioneros de guerra, entre los cuales se reclutaba la masa de esclavos, conservaban al menos la vida y no se les mataba como antes, o se les asaba como más antiguamente.
Y aprovechemos la ocasión para añadir que, hasta el presente, todos los antagonismos históricos entre clase explotadora y explotada, dominante y oprimida, se explican por la productividad relativamente escasa del trabajo humano. En tanto la población verdaderamente laboriosa estaba de tal modo ocupada en el trabajo indispensable que no le quedaba tiempo para ocuparse de los asuntos comunes de la sociedad (dirección del trabajo, asuntos públicos y jurídicos, arte, ciencia, etc.), preciso era subsistiese una clase especial que, emancipada del trabajo, cumpliese esa tarea, al mismo tiempo que aumentaba, en beneficio propio, la carga del trabajo impuesto a las masas laboriosas. Sólo la gran industria, con el desarrollo colosal que ha dado a las fuerzas productivas, y que permite repartir el trabajo entre todos los miembros de la sociedad sin excepción— de aquí restringir el tiempo de trabajo de cada uno, de tal modo que todos cuenten con tiempo suficiente para tomar parte en los asuntos generales, teóricos y prácticos, de la sociedad—sólo hoy ha llegado a ser superflua toda clase dominante