y explotadora y aun ha llegado a ser un obstáculo para la evolución social; sólo al presente será inexorablemente eliminada, aun cuando posea «la fuerza inmediata.»
Cuando el Sr. Dühring pone mala cara al helenismo porque se fundaba en la esclavitud, podría también justamente reprochar a los griegos el que no tuvieran máquinas de vapor y telégrafo eléctrico. Y cuando afirma que nuestro salariado moderno no es sino herencia apenas modificada y suavizada de la esclavitud, y que no puede explicarse por sí misma (es decir, por las leyes económicas de la sociedad moderna), o eso es falso, o quiere decir solamente que la servidumbre, como la esclavitud, es una forma de sujeción y de dominación de clase, y eso todo muchacho lo sabe. Porque con igual razón podríamos decir que el salariado no puede explicarse sino como una forma atenuada de la antropofagia, empleo primitivo (y universal, según hoy se sabe), que se daba a los vencidos enemigos.
Ahora se ve claramente el papel que representa la violencia en la historia respecto a la evolución económica. Desde luego, todo poder político se funda en su origen en una función económica social y se acrece en aquella medida en que, a consecuencia de la disolución de las comunidades primitivas, los miembros de la sociedad se transforman en productores privados y se distinguen de día en día de cuantos administran las funciones genera les de la sociedad. En segundo lugar, cuando el poder político se ha emancipado de la sociedad y de servidor ha llegado a ser dueño, puede actuar en dos sentidos diferentes: O bien en el sentido y dirección de la evolución económica regular—y en ese caso no hay oposición entre una y otra, y la evolución económica se acelera—, o bien el poder político actúa en sentido opuesto y entonces, regularmente, es vencido por el desarrollo económico, salvo un pequeño número de excepciones. Estos