Además, es querer embrollarlo todo transformar el trabajo productivo que crea productos positivos, en un hecho puramente negativo, consistente en vencer obstáculos. Si así fuese, sería menester para obtener una camisa proceder aproximadamente así: primero, vencemos la resistencia que opone la simiente de algodón antes de sembrarse y de nacer, después la resistencia del algodón maduro que no quiere ser cogido, embalado y expedido, luego la que opone cuando se le quiere desembalar, cardar e hilar; por último, la del hilo que no quiere ser tejido, la del tejido que no quiere ser blanqueado y cosido y, al cabo, la de la camisa presta que no quiere ser vestida.
¿Para qué todas estas inversiones y todos esos contrasentidos? Para pasar por medio de la «resistencia» del valor de la producción—valor verdadero, pero hasta el presente puramente ideal—al «valor de repartición», falsificado por la violencia, el único que hasta ahora no se ha manifestado en la historia: «Además de la resistencia que opone la naturaleza, existe aún otro obstáculo puramente social... Entre el hombre y la naturaleza surge un poder que paraliza y traba, es el hombre. El hombre, si se le representa como único y aislado, se encuentra solo frente a la naturaleza... Muy distinta es la situación cuando uno se representa a otro segundo hombre que, espada en mano, ocupa los caminos que dan acceso a la naturaleza y sus recursos y para conceder el paso reclama un canon cualquiera. El segundo hombre... hace tributar por decirlo así al primero, y es causa de que el valor del objeto sea más grande de lo que sería sin ese obstáculo político y social para la adquisición y producción... Sumamente diversas son las formas particulares de esa exageración artificial del valor de las cosas que tiene por consecuencia y compensaciónes naturales una disminución correspondiente del valor del trabajo... por eso es