y a pesar del pretendido valor repartición... a la teoría marxista de la supervalía.
Pongamos, sin embargo, algunos ejemplos de ese famoso «valor de repartición». Dice en la página 125 y siguientes: «Hay que considerar, igualmente, la determinación de los precios por la concurrencia individual como una forma de la repartición económica y un tributo que las gentes se imponen unos a otros... Si la cantidad de una mercancía necesaria cualquiera se disminuye de pronto considerablemente, los vendedores adquieren por este hecho un poder de explotación sin compensación... El aumento de precio puede alcanzar proporciones colosales, particularmente en las situaciones anormales en que la importación de artículos necesarios está contenida por mucho tiempo, etc.» Además, aun en el estado normal de los monopolios, hay casos que permiten una exageración arbitraria de los precios, por ejemplo, los caminos de hierro, las sociedades que proveen de agua o de gas del alumbrado a las poblaciones, etc.
Desde hace tiempo se conocía esos casos de explotación por el monopolio; pero lo nuevo es presentar los precios de monopolio, no como excepciones y casos particulares, sino precisamente como ejemplos clásicos del modo en que se determinan los precios actualmente. ¿Queréis saber lo que determina los precios de las cosas necesarias para la vida? Id a una ciudad sitiada en que nada entra y plantear la cuestión; tal es la respuesta del Sr. Dühring. ¿Qué acción ejerce la concurrencia en la fijación de los precios en los mercados? ¡Preguntárselo al monopolio, os responderá!
Por añadidura, aun en el caso de tales monopolios, imposible de descubrir el hombre de la espada que se nos decía; debe estar oculto detrás. Muy al contrario, en las ciudades sitiadas, el hombre de la espada, el jefe de la plaza, si cumple con su deber, pone pronto término al