mantenerse; a partir del día en que una parte del trabajo pudo consagrarse a la fabricación, es decir, en que contaba, no sólo con medios de existencia, sino con medios de producción. El excedente del producto del trabajo respecto a los gastos de entretenimiento del trabajo, la creación y el incremento, gracias a ese excedente, de un fondo social de producción y de reserva, tal ha sido y es todavía la base de todo progreso social, político e intelectual. Hasta ahora, en la historia, dicho fondo estuvo en posesión de una clase privilegiada, a la cual, al mismo tiempo que tal posesión, les tocó la soberanía política y la hegemonía intelectual. La perturbación social que se avecina hará que, por primera vez en la historia, dicho fondo de producción y de reserva sea realmente social; es decir, que la masa total de primeras materias, que los instrumentos de producción y los medios de existencia sean sociales, al arrancarlos de manos de esa clase privilegiada y al asignarlos, como bien común, a la sociedad entera.
Una de dos cosas: Si suponemos que el valor de los objetos se determina por los gastos de entretenimiento del trabajo necesario para producirlos—o sea, en la sociedad actual, por el salario del trabajo—, entonces cada trabajador recibe en su salario el valor del producto de su trabajo, y la explotación de la clase asalariada por la capitalista resulta una imposibilidad. En efecto; admitamos que en una sociedad dada los gastos de manutención del trabajo se expresen por la suma de tres marcos; entonces el producto diario del trabajador, según la teoría de la economía vulgar de que antes hablamos, tiene un valor de tres marcos. Admitamos ahora que el capitalista que ocupa a ese trabajador impone a ese producto un peaje de un marco y lo vende a cuatro marcos. Los demás capitalistas hacen lo mismo, pero desde ese momento el trabajador no puede vivir un día con tres marcos,