tanto, echar una ojeada, aunque prematura, por ese nuevo mundo.
Por lo demás, según la teoría del Sr. Dühring, aun en el «concejo económico» el tiempo de trabajo empleado podrá medir el valor de las cosas; mas el tiempo de trabajo de todos se considerará con antelación como absolutamente igual, porque todo tiempo de trabajo, en principio y sin excepción, tiene un valor absolutamente igual, sin que se haya de fijar la media. Id ahora a oponer a ese socialismo igualitario radical la idea nebulosa de Marx, según la cual el tiempo de trabajo de un hombre tiene más valor que el de otro, porque un tiempo de trabajo superior a la media sería como condensado en él: ¡idea que le impone el modo de pensar tradicional, el pensar de las clases cultas, a las cuales debe parecer monstruoso que el tiempo de trabajo del carretero y del arquitecto se consideren como de un valor económico absolutamente igual!
Por desgracia, Marx añadió al pasaje del Capital citado anteriormente, esta pequeña observación: «El lector debe notar que aquí no se trata del salario o del valor que el trabajador obtiene en cambio de una jornada de trabajo, sino del valor de los objetos en el comercio, valor en que se objetiva una jornada de trabajo.» Marx que, en este caso, parece haber presentido a Dühring, advierte, pues, que es menester no aplicar las proposiciones antes mencionadas al salario, que en la sociedad actual debe ser pagado por el trabajo compuesto. Y si el Sr. Dühring, no contento con esto, contra lo cual Marx protestaba anticipadamente, presenta tales proposiciones como los principios según los cuales Marx quiere ver regirse la repartición de los medios de existencia en la sociedad socialista, ¡es un falsario tan impudente como no hay igual!
Pero examinemos de más cerca la teoría de la igualdad del valor.