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Anti-Duhring
quienes soportan los gastos de formación del trabajador educado y, en consecuencia, corresponde a los individuos igualmente el precio superior de la fuerza de trabajo educado: el esclavo diestro se vende más caro; el trabajador asalariado hábil está mejor pagado. En la sociedad socialista, como la sociedad es quien soporta esos gastos de educación, a ella corresponden los frutos—los valores superiores producidos por el trabajo compuesto—, y el trabajador mismo no puede tener exigencias superiores. La moral útil de esta historia es también, para decirlo de paso, que la reivindicación, cara al obrero, del «producto íntegro del trabajo», flaquea a veces.