En el análisis que hace Marx de las formas económicas en cuyo seno se opera el proceso de la circulación de las mercancías, la moneda aparece como la forma última realizada. «Este último producto de la circulación de las mercancías es la primer forma bajo la cual se manifiesta el capital. Históricamente el capital se opone en todas partes a la propiedad territorial, desde luego en forma de moneda, de fortuna en dinero, de capital mercantil y de capital usurario... Diariamente vemos ante nuestra vista cómo la historia acontece: todo nuevo capital hace su primera aparición en escena, es decir, en el mercado (mercado de objetos, mercado de trabajo o mercado de dinero), en forma de moneda, la cual, pasando por procesos determinados, se muda en capital...» He ahí, pues, también un hecho que Marx hace constar. El Sr. Dühring, en su impotencia de ponerlo en duda, lo deforma, y dice: «El capital nace de la moneda!»
Entonces Marx estudia los procesos en virtud de los cuales la moneda se transforma en capital y descubre, en primer término, que la forma en que la moneda circula como capital es la inversión exacta de la forma en que circula como equivalente general de objetos. El simple poseedor de mercancías vende para comprar; vende aquello que no necesita y compra con dinero, así ganado, lo que ha menester. El capitalista, como capitalista, compra aquello que no necesita; compra para vender, y para vender más caro, para recobrar el valor en moneda, primitivamente entregada en la compra, pero para recobrarla aumentada por un excedente en dinero: dicho excedente es lo que Marx llama supervalía.
¿Cuál es el origen de tal supervalía? No puede provenir de que el comprador haya comprado los objetos por bajo de su valor, ni tampoco de que el vendedor los venda por cima de su valor. En efecto, en esos dos casos las ganancias y las pérdidas de cada uno se compensan recí-