procamente, puesto que cada uno de ellos sucesivamente es comprador y vendedor; no puede tener por origen la estafa, porque la estafa puede muy bien enriquecer a uno a expensas de otro, pero no puede aumentar la suma total poseída por uno y por otro, ni, por consecuencia, la suma de valores en circulación. «La clase capitalista de un país, considerada en su conjunto, no puede engañarse.»
Y, sin embargo, nosotros vemos que la clase capitalista de cada país, considerada en conjunto, constantemente se enriquece a nuestra vista, vendiendo más caro de lo que compra, apropiándose la supervalía. Hemos llegado al punto de que partimos: ¿de dónde proviene la supervalía? Tal cuestión hay que resolverla de una manera puramente económica, prescindiendo de toda estafa, de una intervención violenta cualquiera: ¿cómo es posible vender constantemente más caro de lo que se compra, aun en la hipótesis, de que valores iguales se cambian siempre por valores iguales?
La solución de esta cuestión constituye el mérito más decisivo de la obra de Marx, e ilumina brillantemente todas las cuestiones económicas en que hasta ahora, socialistas no menos que economistas burgueses se agitaban en espesas tinieblas. De ella data y alrededor de ella se agrupa el socialismo científico.
He aquí la solución. El aumento de valor de la moneda, que se transforma en capital, no puede provenir de esa moneda ni de la compra, puesto que esa moneda realiza, en tal caso solamente, el precio del objeto, y ese precio, puesto que suponemos que se cambian valores iguales, no es diferente del valor. Por dicha razón también el incremento de valor no puede provenir de la venta del objeto. Es preciso, pues, que el cambio tenga relación con el objeto que se compra, no con su valor, puesto que se compra y vende en su valor, sino con su valor de