tos de poder económico para la continuación de la producción y de la apropiación de una parte de los frutos de la fuerza de trabajo general.» Por obscura que sea la expresión de esta nueva idea, una cosa es cierta, sin embargo: que la fuente de instrumentos de poder económico podría perpetuar la producción indefinidamente, pues, según la opinión del Sr. Dühring, no da capital en tanto no conduce a «la apropiación de una parte de los frutos de la fuerza de trabajo general, es decir, de la supervalía, o al menos, del superproducto». No sólo, pues, el Sr. Dühring comete la misma herejía que reprocha a Marx contra la idea corriente en economía política en cuanto al capital, sino que comete también un plagio desgraciado y mal encubierto por pomposas expresiones de las ideas de Marx.
En la página 262 tal idea recibe un nuevo desarrollo «El capital, en el sentido social» (un capital, en el sentido no social, es aún cosa por descubrir), es específicamente distinto del puro instrumento de producción. En efecto, mientras que este último tiene un carácter técnico y siempre y en todas partes se muestra beneficioso, el capital manifiéstase por su fuerza social de apropiación y de expoliación. El capital social no es, en gran parte, sino el medio técnico de producción en su función social, y esta función, precisamente, es la que debe desaparecer. Si pensamos que precisamente Marx es quien primero ha llamado la atención acerca de la «función social» que únicamente puede transformar una suma de valor en capital, «será evidente para todo observador atento, que la definición marxista de la idea de capital no puede menos de introducir la confusión», no como piensa el Sr. Dühring en la economía política rigurosa, sino pura y simplemente en la cabeza del Sr. Dühring, que ha olvidado ya en la Historia crítica el amplio uso que ha hecho en su Curso de dicha idea de capital.