senta en la historia, por los italianos del siglo XV y XVI. Y si Marx es el primero en analizar a fondo la forma de producción especial al capital moderno; si Marx pone de acuerdo el concepto de capital con los hechos históricos—de que en último análisis había sido abstraído, y a que debía su existencia—; si Marx ha desglosado ese concepto económico de las ideas obscuras y vagas que permanecían adheridas en los economistas burgueses y en los socialistas anteriores; Marx es quien ha procedido, precisamente, con ese método científico definitivo y riguroso de que tanto alardea el Sr. Dühring, y cuya ausencia tanto se deja sentir en él.
De hecho las cosas pasan de otra manera para el señor Dühring: no se contenta con calificar de «producto bastardo de la fantasía histórica y lógica» el concepto del capital como fase histórica, sino que, momentos después, hace de él una fase histórica. El da el nombre de capital, en conjunto, a todos los instrumentos de poder económico, a todos los medios de producción «que se apropian una parte de los frutos de la fuerza de trabajo general»; por consecuencia, aun a la propiedad de la tierra en todas las sociedades divididas en clases; lo cual no le impide, en manera alguna en lo sucesivo, el hacer la distinción tradicional entre propiedad y renta de la tierra y entre capital y beneficio, y calificar de capital aquel solamente entre los instrumentos de producción que producen un beneficio o interés, como se verá más ampliamente en las páginas 116 y siguientes del Curso. El Sr. Dühring podría, igualmente, incluir bajo el nombre de locomotora, caballos, bueyes, burros y perros, porque se puede caminar con auxilio de todos esos vehículos, y reprochar a los ingenieros de hoy, que circunscriben el nombre de locomotora a los coches de vapor modernos, el hacer de eso una fase histórica, el entregarse a un imaginar caprichoso, a productos bastardos de la fantasía