del capital es inconcebible.» El salario del trabajo «jamás es sino una paga que debe asegurar al trabajador su mantenimiento y la posibilidad de perpetuar su raza». Por último, en la página 195 se dice: «Lo que corresponde a la renta del poseedor es perdido para el salario, e inversamente, lo que de la productividad general (¡!) corresponde al trabajo, no puede dejar de retirarse de los rentos de la posesión.»
El Sr. Dühring nos lleva de sorpresa en sorpresa. En la teoría del valor, y en los capítulos siguientes hasta la teoría de la concurrencia inclusive, o sea desde la página 1 a la 155[1], los precios de las mercancías o valores se reparten en gastos naturales de fabricación o valor de producción (a saber: gasto en primeras materias, en instrumentos de trabajo y en salario del trabajo), y en encarecimiento o valor de producción, tributo que la clase monopolista conquista espada en mano; y este excedente, como hemos visto, en realidad no en nada podía modificar la repartición de la riqueza, siendo forzoso dé de una parte cuanto tome de otra; y, además, a juzgar lo que dice el Sr. Dühring, nos enseña, respecto a su origen y contenido, que viene de nada y es nada.
En los dos capítulos siguientes que tratan de las clases de rentos[2], o sea desde la página 156 a la 217, ya no se trata del encarecimiento, y el valor de todo producto del trabajo, de toda mercancía, se divide en dos elementos: primero, los gastos de producción, en que se incluye también el salario pagado; y segundo, el «producto neto obtenido por la explotación de la fuerza de trabajo» que constituye la renta del dueño. Y este producto neto tiene una fisonomía bien conocida que no puede ocultar ningún tatuaje ni barniz. Para comprender la si-