se de la tierra y la renta del capital o beneficio, bajo la expresión común de renta, de tal suerte que Dühring no ha tenido más que añadir «la posesión»[1]. Y para que el plagio sea indudable, Dühring resume así, a su manera, las leyes de la relación del precio de la fuerza de trabajo con la supervalía expuesta por Marx: lo que corresponde a la renta de posesión pierde por el salario y recíprocamente, y de este modo reduce las leyes particulares y tan sustanciales, descubiertas por Marx, a una tautología vacía, pues evidentemente, dividiendo una cantidad dada en dos partes, tanto crece la una, cuanto la otra decrece. El Sr. Dühring ha llegado a apropiarse las ideas de Marx, de modo que desaparezca por completo el «carácter científico riguroso, en el sentido de las ciencias exactas», que sin duda tiene la exposición de Marx.
Por tanto, nos vemos obligados a sacar como conclusión de todo ese estruendo promovido contra el Capital en la Historia Crítica y la famosa cuestión de la supervalía, que el Sr. Dühring hubiera obrado de mejor suerte si no hubiese planteado tales cuestiones a que no puede responder, pues todo ello no es sino un ardid de guerra, sino un hábil manejo para ocultar el grosero plagio de Marx, cometido por Dühring en el Curso de Economía. En efecto, el Sr. Dühring tenía buenas razones para apartar a los lectores del Capital de Marx, de este producto bastardo de la fantasía histórica y lógica, de las confusas nebulosidades hegelianas, etc. La Venus, de la cual aparta a la juventud alemana el fiel Eckazt, la ha quitado a Marx, poniéndola en lugar seguro para su propio uso. Felicitemos a dicho producto neto sacado de la explotación de la fuerza de trabajo de Marx; pero, ¿de
- ↑ Tampoco Rodbertus escribe (Soziale Briefe, carta II, página 59): «Es renta, según esta teoría (la suya), todo ingreso que se percibe sin trabajo propio, exclusivamente por razón de posesión.»