tos de explotación, la renta del propietario del fundo y el beneficio del arrendatario. Sin embargo, él llamará a toda su ganancia beneficio en el lenguaje ordinario, confundiendo de ese modo la renta con el interés. La mayoría de los plantadores de Norte-América o de las Indias occidentales están en ese caso, pues la mayor parte cultivan sus propiedades, y rara vez oímos hablar de la renta de la plantación, sino más bien del beneficio que deja... Un jardinero que cultiva con sus propios brazos el jardín de su propiedad, es propietario fundiario, arrendatario y trabajador, todo en una pieza; su producto deberá, pues, darle la renta del primero, el interés o beneficio del segundo y el salario del tercero; sin embargo, el todo se toma de ordinario por el producto del trabajo, y la renta y el interés se confunden con el salario del trabajo.»
Este pasaje se encuentra en el capítulo VI del primer libro de Adam Smith[1]. El caso en que un propietario explota por sí mismo su fundo se ha estudiado, por tanto, hace un siglo, y las dudas e incertidumbres que tanto apenan al Sr. Dühring no provienen, pues, sino de su ignorancia.
Por último, sale de su aprieto por una maniobra atrevida: la ganancia del arrendatario se funda en la explotación «de la fuerza de trabajo de los trabajadores rurales»; es, por tanto, evidentemente «una fracción de la renta», la cual disminuye «la renta integral», que sin eso debería ir a parar al bolso del propietario del fundo. Esto nos enseña dos cosas: en primer lugar, que para el Sr. Dühring no es, como se creía, el arrendatario quien paga la renta al propietario del fundo, sino el propietario fundiario quien la paga al arrendatario (¡lo cual, por cierto, es «una idea fundamentalmente original»!); y en segundo lugar vemos, al cabo, que entiende el Sr. Düh-