general» (pág. 9). De hecho, hubiera podido del lado externo, como del interno, anunciar su empresa (¡la expresión industrial no está mal elegida!) bajo este titulo: «El Único y su propiedad.»
Como la economía política, tal cual se manifiesta en la historia, de hecho no es más que el estudio científico de la economía del período de producción capitalista, no pueden encontrarse proposiciones y teoremas que se refieran a ella, por ejemplo, entre los escritores de la sociedad griega, sino en la medida en que ciertos fenómenos, como la producción de mercancías, el comercio, la moneda, el capital y el interés, son comunes a ambas sociedades. Mas cuando los griegos tratan, ocasionalmente, esos asuntos, muestran el mismo genio y originalidad que en todo lo demás, y sus ideas son, por tanto, históricamente el punto de partida teórico de la ciencia moderna. Escuchemos, pues, al Sr. Dühring:
«En consecuencia, no tendremos, en suma (!), nada positivo que decir respecto a las teorías científicas de la economía en la antigüedad, y la Edad Media, enteramente extraña; a la ciencia, ofrece todavía menos materia (¡esto es, nada que decir!); pero como quienes blasonan y ostentan de una apariencia de erudición... han desnaturalizado el verdadero carácter de esta ciencia puramente moderna, menester es, al menos, presentar algunos ejemplos de una crítica que, «en efecto», se abstiene de toda «apariencia de erudición».
Aristóteles dice:[1] que «todo bien puede servir para dos usos»; uno, el uso propio y directo, y el otro, no. Así una sandalia puede servir para calzarse o para ser cambiada; en uno y otro caso se hace uso de la sandalia, porque quien trueca la sandalia por lo que ha menester, dinero o alimentos, utiliza la sandalia como sandalia, pero el uso que hace de la misma no es natural, porque la
- ↑ Política, libro I, cap. 3. II.